Danzando con la Luna

Entre la poética corporal y la poética verbal hay un cuerpo de distancia
e hilos de imaginación.
A los 11 años escribí mi primer poema, lleno de ritmo.
Un canto en letras que hacía parecer que era erótico. Y no.
Pero de ahí surgió la fuerte atracción y complicidad entre mi pluma y la
metáfora.
No fue hasta los 17 años, en los que me inspiré, para realizar un poema
que saliera de esta vena literaria y salpicara las hojas de mi diario.
Era un poema de amor y de locura. De celos y de pasión.
Ese poema sin nombre, está plasmado en mi primer poemario, al que
titulé Con la Luna en el ombligo. Editado por la BUAP, en el 2012.
Quien sepa colocar la luna en el ombligo, es el mejor amante. Para una
lunática como yo. De signo Cáncer.
Mi segundo poemario, fue un ejercicio diario, en donde a veces soy el
poeta, otras, la musa y también suelo transfórmame, en la que espía a
esos dos.
Ahí, la imaginación juega un papel fundamental, para dar vida a Tango
con olor a lluvia.
Y es que, esa fusión que hacen los bailarines, es sublime y más
acompañada de un bandoneón. Instrumento plegado, listo para los
dedos del músico y la lengua del poeta.

Actualmente escribo, Ningún verso termina en esta boca, un nuevo
ejercicio poético. Que podré compartir con ustedes.

Último Tango de amor
Y despertó bailando el último tango en la punta más sublime. Ahí dejó que
el grito se ahogara con el deseo de tenerlo todo. Un paso sobre su cuerpo.
Giro en la esquina de sus ojos. Una mano sosteniendo la cintura más
próxima a la del poeta. Un paso más con la seducción de movimientos que
los mantienen vivos y erectos. Ella baila sostenida de la lengua. De sus
yemas. De sus deseos chorreando de esas piernas expertas que se abren
para danzar un tango sobre él. Con pasos cortos y seductores, ella
tiembla. Y él, detiene el tiempo. Manos que se mueven en las sombras.
Dedos que se sumergen en la oscuridad para elevar el pulso. Sobre la
música que desprende la calentura de esos cuerpos. Dejándose flotar
sobre los cuatro puntos de sus ojos. Pasos con acordes seductores. Baila
para él. Él para ella. Arden en luz sobre sus jugos. Y se dejan caer luego
de bailar, ese último Tango que hay sobre sus cuerpos.
Gloria Mejía
Poemario Tango con olor a lluvia.

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