Ánimo

Ánimo es la capacidad humana de experimentar emociones y afectos, y de comprender; fuerza o energía para hacer, resolver o emprender algo, dice el diccionario. El presidente llegó a su mañanera coreando: “ánimo! que lo mejor es lo peor que se va a poner esto” (y suelta una carcajada). De qué se ríe? qué es lo peor que sea mejor? Así interpreta la definición de “ánimo”, para sí mismo. Llegar directo al podium de la presidencia para ofender no sólo a Carlos Alazraki sino a toda la comunidad judía como lo hizo enseguida.

Es inadmisible la ofensa a la comunidad judía para quienes el holocausto está presente cada año para recordar a las víctimas de Hitler; las familias sobrevivientes que viven en México han sido inmisericordemente ofendidas en lo más profundo de su ser por el señalamiento subliminal del Presidente de que tienen comportamientos hitlerianos. Pero a AMLO no le importan los enojos que causará en todos a quienes nos ha agrupado en el otro extremo, porque su mensaje es para la gente que tiene un enojo social, el pueblo bueno dice él, y que vota por su movimiento que ha denominado Morena. Esa es su estrategia, así se comportan todos los carismáticos autoritarios de la Historia, incluido Hitler.

El presidente nos mantiene ocupados con la polémica que él pone cada mañanera con una evidente intención, y como buen populista sigue el guión: ponernos a pelear, dividirnos entre buenos y malos. Declarándole la guerra a los y las académicas, feministas y aspiracionistas porque se atreven a pensar en voz alta. A padres y madres de niñez con cáncer porque se atreven a reclamar lo justo, a personas defensoras de derechos humanos porque con sus propios datos se han defraudado por compromisos de campaña que no ha cumplido, y hasta con la Iglesia Católica y los jesuitas porque se atreven a exigir justicia y paz.

Démonos cuenta que esa estrategia de polarización tiene como fin no nos concentremos en lo principal: en lo que necesitamos hacer para rescatar al país del populismo lopezobradorista.

Así que es necesario pensar sin distracciones quién puede estar al frente para revertir esta crisis, prepararnos para enfrentar un electorado cautivo con el dinero del erario público y que es amenazado con quitarles su apoyo económico en cada elección, obligándoles a que voten por Morena. Lo mejor del problema es que lo sabemos, lo constatamos en cada elección pasada y sabemos que lo van a repetir. La oposición partidista debe escuchar lo que desde diversas voces se reclama: unidad. Unidad para convocar a mujeres y hombres que tienen las características para asumir la conducción del país. El reto de la reconstrucción del país no será fácil. Pero la crisis debe tocar fondo en junio del 24.

Urge comenzar a discutir sobre cómo se fortalece de nuevo la economía nacional, se apoye la política fiscal con mayor equidad para las entidades federativas poniendo énfasis a los municipios, acordar en serio la inclusión social de los poblados indígenas como un pendiente ancestral, implementar políticas reales para lograr la igualdad sustantiva y la eliminación de todas las formas de discriminación contra las mujeres y las niñas que es el 51% de la población, y la lista es larga, hay que trabajarla. Quien asuma la candidatura por la Presidencia el 24 contra el candidato del Presidente, debe movilizar a toda la sociedad civil, particularmente a quienes se abstienen de votar. Ánimo.

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