Economía, mujeres y trabajo

Por increíble que parezca, en la actualidad hay quien piensa que ya hemos alcanzado la plena igualdad entre mujeres y hombres y prácticamente no hay brechas; que las mujeres no trabajan porque no quieren, que están en empleos mal remunerados porque así lo desean; y también se cree que cuando las mujeres se quedan en su casa no hacen nada y si son chicas jóvenes son “ninis”.

Es cierto que desde hace décadas las mujeres han entrado al campo laboral, pero la desigualdad, la brecha laboral es real e incluso se ha acrecentado como efecto de la pandemia.

En un orden de género patriarcal y androcéntrico parte de la brecha de desigualdad proviene de la sobrecarga de las mujeres en labores de crianza, tareas domésticas y cuidados de personas mayores, enfermas o con discapacidad, muchas de ellas con la necesidad de trabajar, algunas de ellas como madres autónomas sobre quienes recae la responsabilidad de mantener a su familia, ya que 34% de las familias en México son jefaturadas por mujeres.

En México, 16.9 millones de mujeres están atadas a tareas domésticas sin remuneración económica, incluyendo mujeres adultas mayores que cuidan a nietas y nietos; además, 4.6 millones de mujeres están buscando empleo. Y de acuerdo con el INEGI, el trabajo del hogar no remunerado realizado por las mujeres genera hasta 5.5. billones de pesos para la economía nacional. En los hogares, ellas realizan la mayor parte del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado (73.6%), lo que representa el 22.8% del PIB nacional.

Sin la posibilidad del privilegio del que disfrutan los hombres al socialmente tener que realizar menos de este tipo de tareas de crianza y cuidados y gozar de más tiempo libre, a muchas mujeres el mercado les impide de facto el acceso al campo laboral remunerado, y a otras oportunidades de capacitación, dado que el mercado formal suele requerir jornadas completas, que son muchas veces incompatibles con la carga de trabajo en el hogar, dejándoles entonces como opción la economía informal, sin seguridad social, o bien el sobreexplotarse, dormir pocas horas, renunciar a su tiempo personal y cargar con dobles y triples jornadas laborales.

Ciertamente a dos años de la pandemia esa exclusión, marginación y subvaluación laboral hacia las mujeres quedó más evidenciada. Se recrudeció ante el despido masivo de personas, afectando mayoritariamente a las mujeres: más de un millón de mujeres perdieron o dejaron su empleo durante 2020.

De acuerdo con el Centro de estudios Espinosa Yglesias, para el primer trimestre de 2021, se había reducido en más de dos millones el número de mujeres con un trabajo remunerado, en tanto para los hombres fue de poco más de un millón.

Las mujeres que permanecieron laboralmente remuneradas sufrieron un deterioro en el acceso a los servicios de salud casi del doble del que tuvieron los hombres, aunque la capacitación laboral siguió favoreciéndolas. Además, con la pandemia cayó drásticamente el porcentaje de mujeres con trayectoria laboral ascendente hasta en un 10%, así como su remuneración promedio (casi 2 %).

De acuerdo con cálculos de la CEPAL, a causa de la pandemia, la participación de la mujer en el mundo laboral retrocedió 10 años. Peor aún, se estima que la desocupación de las mujeres aumentará 12.6 puntos porcentuales y alcanzará niveles del 22.2%.

Actualmente las mujeres son propietarias del 36.6% de los establecimientos micro, pequeños y medianos de manufacturas, comercio y servicios privados no financieros. Las dueñas de los negocios contratan más mujeres para trabajar y el 86.1% de su personal tiene mayor permanencia laboral.

La paradoja es que si mejoráramos las condiciones para que las mujeres trabajen de forma digna e igualitaria todas y todos ganaríamos. De acuerdo con un informe del Instituto Mexicano para la Competitividad, el incremento de mujeres en el mercado laboral permite mayor autonomía económica para más trabajadoras, mayores ingresos y ahorro en los hogares, mayor rentabilidad y talento en las empresas, y se calcula que es viable un incremento del 15% en el PIB de México para 2030.

Si en México se refuerza la implementación de políticas públicas para incrementar la tasa de participación laboral en 0.6% al año, la economía aumentaría 0.5% al año adicionalmente al porcentaje actual.

Debe avanzarse en la implementación de un sistema universal de cuidados y desarrollo infantil para abatir la pobreza de tiempo de las mujeres; impulsar la certificación de empresas en Igualdad Laboral, fomentar la equidad de trato y de oportunidades en el sector privado, en la fijación de salarios, acceso a seguridad social, flexibilidad laboral y permisos.

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