Yo: ¿Constructor (a) de paz?

Parecería que estamos destinados a vivir con violencia y miedo. Claro, los gobiernos en turno son responsables de la definición de políticas públicas que no solo atiendan las consecuencias de una sociedad violenta, sino fundamentalmente sus causas, pero no olvidemos que es la ciudadanía la que crea y conforma esa sociedad con sus valores y antivalores.

Asesinos y comerciantes, trácalas y honestos, violadores y protectores, ladrones y altruistas, todas y todos integramos, rasgamos, construimos y destruimos la patria.

Es verdad también que ante la Ley, cualquiera que sea la conducta, somos merecedores de que nuestros derechos humanos sean reconocidos y respetados, pero llega un momento ante tanta injusticia, impunidad y dolor, que los sentimientos de venganza afloran y lo que fue un acto de violencia se convierte en una espiral imparable.

El pasado 21 de septiembre se celebró a nivel mundial el Día Internacional de la Paz, fecha dedicada a conmemorar los ideales de paz de cada pueblo y cada nación, con especial énfasis en el desarrollo social y económico en diversas facetas: pobreza, hambre, salud, educación, cambio climático, igualdad de género, agua, saneamiento, electricidad, medioambiente y justicia social.

Se supone que la humanidad toda debe hacer un alto y reflexionar en el tipo de convivencia que deseamos crear para vivir con dignidad, sueños y anhelos.

Nada de eso vemos que suceda en lo cotidiano. Entonces, ¿qué hacer para ser factores de paz? ¿Cómo nos convertimos en esa bruma que una a una, casi sin notarse hace la diferencia en un ambiente seco y sin vida para traer esperanza de verdor en medio de la desolación? ¿Cómo poner un granito de arena en nuestro derredor y sumar a un ambiente más vivible y pacífico? Expertos proponen al menos diez sencillas acciones que funcionan, si ponemos un poquito de atención y voluntad:

1. Respetar la vida en todas sus formas y rechazar expresiones de violencia, así como las justificaciones que intentan legitimarla. Esto aplica especialmente en el caso de la crianza positiva, sin castigo físico, humillación y denigración a niños (as).

2. Pensar bien de los demás. Tener presente que la percepción positiva que tienes de ti mismo puedes extenderla a quienes te rodean. Así se logra confianza recíproca.

3. Transformar el lenguaje de la guerra. Reemplazar palabras que contribuyen al odio y la venganza por expresiones y pensamientos positivos y de esperanza.

4. Reconocer por y para qué existen las normas, a fin de respetarlas para vivir en comunidad.

5. Establecer con familia, compañeros de estudio y trabajo y amigos, acuerdos claros, libres, voluntarios y sinceros, que permitan fortalecer lazos y evitar conflictos. En caso de incumplir un compromiso, reparar daño a través de algún gesto que permita restablecer la confianza y promueva la reconciliación.

6. Ante el conflicto, proponte conocer y entender las motivaciones e intereses del otro. Mediante el diálogo, buscar alternativas para transformarlo en aprendizaje.

7. Practicar la empatía. Ser generoso, considerado y cuidar del otro, preocupándote por su bienestar.

8. Reconocer y respetar la diversidad en todas sus dimensiones.

9. Ser tolerante ante las diferencias. No tratar de imponer tus puntos de vista, costumbres o proyectos sobre identidades, intereses y visiones de los demás.

10. Participar activamente en distintos escenarios comunitarios y sociales para incidir en nuestro entorno y generar procesos colectivos en busca del bien común.

Casi todos hemos escuchado del abuelo aquél que regresaba tortugas bebés al agua frente a una parvada de gaviotas que se las comían a velocidad vertiginosa; el nieto dijo: ¿para qué regresar una si están comiéndose a las demás? Su abuelo contestó: a esta, por tu intervención, no se la comieron y se salvó. Así todas y todos; que tu intervención en la vida salve, cuide y proteja. Para quien recibe tus buenas acciones y para ti mismo, puede ser y hacer la diferencia entre la guerra y la paz.

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