Mancerita

Andrés Manuel López Obrador llamaba a Miguel Ángel Mancera de manera despectiva “Mancerita”. Muchos entendían este sobrenombre como una expresión cariñosa hacia el personaje, que de la irrelevancia política y la sumisión combinada con un rostro afable, atractivo y la promesa incondicional de lealtad, terminó convirtiéndose en la imagen de la vanalidad, la hipocresía, y el reflejo mismo de la destrucción del concepto de la representación política en nuestro país.

Porque si algo queda claro, es que hoy en día estamos ante uno de los fenómenos más preocupantes sobre la democracia, por la disminución de la legitimidad e imagen de los políticos, que teóricamente deberían representar los intereses de la sociedad.

Jamás imaginé que existiría un ejemplo tan claro que pudiera describir la descomposición y erosión de la política y de los políticos como lo que hizo Mancerita en esta semana, al votar a favor de la regularización de la militarización de la seguridad pública hasta el año 2028, propuesta por Morena a través de una legisladora del PRI, a pesar del conocimiento y experiencia que tiene por haber sido ya Procurador y Jefe de Gobierno.

Para poder dimensionar y apreciar con claridad, narremos los hechos, las circunstancias, antecedentes y el contexto.

Hasta el día mismo de la votación en el Senado de la República de la modificación a un artículo transitorio de la Constitución Federal, que extiende la posibilidad de que el ejército mexicano tenga atribuciones para ejercer la supervisión y ejecución de las tareas de seguridad pública en las calles de nuestro país, que atiende más a intereses políticos que a la voluntad de resolver y garantizar verdaderamente la seguridad de los ciudadanos en nuestro país, el Senador había declarado públicamente votar con la “oposición” o “muro de contención” como ellos lo llamaban. Sin embargo, de manera repentina al llegar al pleno del órgano legislativo, curiosamente cambió su posición y decidió votar en favor de la medida, otorgando uno de los votos necesarios, para llegar a la supermayoría que exige la Constitución Federal para ser reformada. Con distintas estrategias, también otros legisladores del PRI hicieron lo mismo.

Por supuesto, la consecuencia de ello la expresa Jesús Zambrano afirmando su profunda decepción de los legisladores, rompiendo de facto lo que le llaman la Alianza Va por México, o el Pacto por México “reloaded”. Pero incluso la afirmación causa mofa, por ser esos mismos partidos los que evidentemente llevaron a estos legisladores al Congreso de la Unión, privilegiando sus posiciones anteriores y estableciendo que llegaron a esos cargos por encontrarse en las élites políticas y mesas de negociación, más no por representar a la población.

Es decir, ahora resulta que el Presidente del PRD esperaba que votaran con la Constitución e intereses del país, cuando desde su propio arribo a la política sólo han venido representado intereses personales, y en realidad han utilizado al sistema político mexicano y a la democracia para lograr sus  intereses económicos.

En realidad, el verdadero problema de Jesús Zambrano es que no fue él quien negoció con el gobierno y en cambio fueron a una negociación particular, Senador por Senador, para que utilizando las promesas como en el caso del senador Raúl Paz del PAN, o las amenazas, como debió ser en el caso de Miguel Ángel Mancera se evidenciara que el régimen funciona, basado en las posiciones personales de cada uno de los políticos de élite. O sea, para la 4T no hay política ni interés nacional, lo qué hay son intereses.

Porque a nadie le puede sorprender que Mancerita y el PRD cuenten con una bancada formalmente instalada en el Senado, pero en franca violación a la ley por no contar al momento del registro de las mismas con el número mínimo de Senadores requeridos, y que reciba mes con mes canonjías económicas, tenga representación ante la Junta de Coordinación Política e integre órganos que sólo le corresponden a los grupos parlamentarios.

Tampoco sorprende, que a pesar de haber desterrado -literalmente- a Marcelo Ebrard a París durante la mayor parte de su sexenio como Jefe de Gobierno, después de traicionarlo, lo mismo que a López Obrador, y además amenazarlo con procesarlo penalmente y meterlo a la cárcel con el asunto de la Línea 12 del Metro, ahora tenga diálogo con él en las comparecencias ante el Pleno y se comporte de manera más que respetuosa e incluso sumisa, como cuando fue designado Procurador de la Ciudad, por el entonces jefe de gobierno Marcelo Ebrard.

Todavía menos, nos pueden sorprender las declaraciones y denuncias de políticos de élite en la CDMX que han encontrado evidencias de ingresos excesivos en cuentas de Miguel Ángel Mancera por triangulaciones y operaciones complejas en la adquisición de bienes inmuebles, y de sus allegados como los hermanos Luis y Julio Serna, además de las afirmaciones del ex director jurídico de la Agencia de Gestión Urbana, asegurando que Mancerita sí contaba con un centro de inteligencia para espiar a diversos políticos y personajes, además de confesiones de multimillonarios desvíos de recursos. Pero y que decir de las investigaciones sobre el cartel inmobiliario, y los negocios que organizaban a través de Héctor Serrano con bares, antros, restaurantes, comercio ambulante, o cualquier organización que generara recursos importantes en la capital del país.

Para dejarlo claro, la designación de Mancerita fue una cuestión simple y sencillamente económica que se transformó en lo que ahora quieren llamar política. Sin embargo, los responsables de ello fueron el propio Andrés Manuel López Obrador quién dió su consentimiento para que ejerciera un cargo que demostró  le quedó muy grande, Marcelo Ebrard por designarlo su sucesor, Jesús Zambrano y Jesús Ortega al darle su apoyo incondicional y clavar el colmillo en la ciudad con cargos y cuotas -está ampliamente documentado- y del PRD por perder absolutamente el sentido de la política y la representación.

Queda claro que el 2024 está más que cantado, y que las fiestas, superficialidad y canonjías de Mancerita, son pecata minuta con lo que deja ver el actual iceberg político.

Pero por otra parte, también los ciudadanos además de fabricar memes, debemos exigir un mejor nivel de política y de políticos, o de plano ya dejar de quejarnos, porque lo cierto es que hoy, tenemos los políticos que nosotros mismos elegimos.

Y no es pregunta.

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