Las leyes de Newton y los políticos

¿Cuándo aprenderán los gobernantes mexicanos a leer? ¿Cuándo le darán importancia a la historia y a la ciencia?

En el mundo cotidiano una de las leyes de Isaac Newton establece que todo lo que sube tiene -forzosamente- que bajar. La tercera y cuarta ley del científico, básicamente explica la forma en que operan las fuerzas de las partículas y el comportamiento de la fuerza de reacción, que tendrá la misma dirección y magnitud que la fuerza de acción, pero en sentido contrario.

Hago esta reflexión porque esta semana hemos observado en el contexto nacional dos acciones de gobierno que evaden absolutamente estas reglas, y como tantos gobiernos en el pasado, quienes ocupan los cargos de manera temporal, se conducen como si nunca en la vida fuesen a dejar el poder, o como si ningún gobernante en el futuro les puede aplicar la “justicia”, precisamente como ellos pretenden aplicársela a otros actores políticos.

Sobre todo, establecen una visión como si la historia mexicana de democracia  y “justicia” hubiese comenzado con ellos. No saben, niegan, o simplemente les da pereza leer, releer y reconocer que la democracia mexicana es un proceso interminado de evolución desde que Carlos IV
renunció a la corona y Fernando VII abdicó, además de las ideas de la ilustración y aproximaron a las monarquías, fue establecida la discusión en México. Es decir, muy distante a que la 4T (que antes fue el PRD y antes una parte del PRI), creara lo que ellos llaman democracia y un número de condiciones institucionales.

Es verdaderamente sorprendente como pasa sexenio tras sexenio y la aproximación al poder parece que se ejerce con una atemporalidad y profundidad sin límite, que logra que ejerzan las facultades de manera excesiva, sobre todo con una visión y narrativa que simplemente resulta funcional o utilitaria del gobierno y actores en turno.

El caso de Rosario Robles y ahora el de Jesús Murillo, en las formas y los términos que se dieron, en las acusaciones e imputaciones que se les dirigen y sobre todo -de manera esencial- el manejo que se le da a ambos casos, son ejemplos inigualables de lo poco que le importa a López Obrador y a su gobierno la justicia y el Estado de Derecho, y lo mucho que les  interesa humillar al adversario, lanzarlos como carnada a una horda carroñera, la dinámica mediática y las acusaciones que se logran a partir de ciertos actos de autoridad.

Justamente por ello la garantía tutelada por el artículo 1o. de la Constitución Federal que establece que la nueva aproximación a Derechos Humanos desde el 2011 y el Derecho Internacional han abonado para comprender que la presunción de inocencia, el debido proceso, y la seguridad y certeza jurídica son pilares de cualquier sociedad democrática constitucional.

Sin embargo el Presidente Andrés Manuel López Obrador piensa y sueña que él y su familia jamás pasarán por lo que han pasado otros gobernantes, o quienes arbitrariamente él ha enjuiciado, y que la democracia mexicana se da gracias y a partir de él negando la historia en la cual él, solamente forma parte de un pequeño capítulo, pero sobre todo, que tarde o temprano las acciones que ha generado durante su administración serán justamente las que él sufra, pero en sentido contrario.

Porque en política, particularmente en la mexicana, poco observamos el cumplimiento de los principios de James Madison respecto a que los partidos políticos buscan por sobre todo el interés nacional, o el neoconstitucionalismo de Sartori y Ferrajoli que pretende dotar de un principio más alto que el de democracia, y que implica la dignidad de las personas en el régimen democrático y constitucional.

Porque es obvio que la 4T no tiene ideología, ni sentido profundo de la historia, la Constitución de Bayona, Cadiz, la de 1824, 1857 y el proceso político mexicano. Por más que nos recete diariamente sus simpáticas reinterpretaciones sobre Juárez, Roosevelt o Cárdenas. Porque más allá de un conocimiento profundo e inspiración sobre la historia, todos sabemos que es una simple cita como el filósofo de Güémez.  Sobre todo porque es conocido que la escuela no se le da, porque para él la formación no tiene importancia, y la ideología es absolutamente ausente.

Por ello sorprende la profundidad y tamaño de las decisiones, porque no solamente atenta contra un ser humano, sino contra un estado en construcción de su democracia constitucional -o retroceso-.

En el poder, Roberto Borge, los dos exgobernadores de apellido Duarte y tantos otros creyeron que el poder duraba para siempre, y no es lejano lo que hacen Alejandro Encinas, Alejandro Gertz Manero y una serie de funcionarios a la orden del Presidente de la República. Y la terminaron pagando.

Curiosamente, estos mismos personajes pudieron haber sido acusados por bloqueo de vías de comunicación por el plantón de Reforma posterior a la elección de 2006, o por desacato en el famoso incumplimiento del Paraje San Juan, en Santa Fe, al poniente de la Ciudad, o por abuso de confianza en cualquier conducta que algún ciudadano y dos testigos corroboren, sin que puedan defenderse, si es que a algún gobernante posterior se le ocurre…

Justamente por ello la modulación de la democracia, y la aplicación de las leyes requiere más que ganar una elección y una necedad ciega y permanente, requiere de civismo, ética, conocimiento y sobre todo de comprender cual es el interés nacional.

Voegelin afirmaba que es necesario responder al espíritu de la Nación en materia de representación política. No sé si siquiera lo comprendan estos personajes que utilizan el pan y el garrote, lo que sí es claro es que con ellos cualquier ciudadano está en riesgo, y eso no le conviene a nadie. Ni siquiera a los que hoy están en el poder.

La democracia es más que un berrinche y mucho más que una
visión electorera simplona.

Y no es pregunta.

@MarthaGtz

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