Las abuelas deben aprender a decir que no

Agosto mes de los abuelos dice la publicidad, y también de las abuelas pienso yo, y no sólo porque sean mayoría entre las personas adultas mayores de este país o porque la palabra ‘abuelos’ proviene del diminutivo femenino del latín vulgar ‘aviola’ que significa abuelita; es por muchas cosas más que mi invitación a reflexionar hoy es en torno a esa invisibilización que como sociedad seguimos haciendo al no reconocer la importancia del trabajo de las abuelas, de sus aportes, sus enseñanzas, y principalmente su papel, muchas veces obligado, en el cuidado de nietas y nietos.

A nivel nacional existe un día oficial para conmemorar el Día del Adulto Mayor, el 28 de agosto, con orígenes no tan claros, entre varias versiones y con distintas denominaciones excluyentes al inicio para cambiar a la actualidad a reconocerlas como personas y de ambos sexos. Pero lo sustancial es que dicha fecha ha dado paso desde su decreto en 1982 a políticas públicas y programas específicos a favor de este sector de la población cada vez más creciente.

Decir que las y los abuelos brindan ayuda y apoyo emocional a las familias, que son los pilares en las familias, tiene mucha verdad al reconocer que buena parte de los hogares encabezados por madres autónomas, mal llamadas “madres solteras” y donde aún con la presencia del padre y la madre, son las abuelas las que hacen posible el desempeño y desarrollo profesional y laboral de los progenitores, al encargarse ellas de procurar, cuidar, atender y criar ahora a nietas y nietos, y casi siempre de manera gratuita.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) señala que en nuestro país habitan 15.1 millones de personas adultas mayores, es decir 12% de la población total; que 6 millones de hogares tienen una persona adulta mayor como jefe/a de familia; que un millón de hogares están habitados por personas adultas mayores solas. Según la Encuesta Nacional de Empleo y Seguridad Social, 61% de los niños mexicanos son cuidados por sus abuelas y abuelos.

Y volviendo a las abuelas que de nuevo se ven maternando, vale la pena cuestionar si en realidad lo hacen voluntariamente, por qué en una sociedad patriarcal no pueden negarse a hacerlo, qué consecuencias tienen en su salud, qué les gustaría hacer con su tiempo, en fin, muchas interrogantes alrededor a las que podemos buscarles respuestas en la intimidad de nuestra conciencia para resignificar la vejez como construcción social y cultural, especialmente de las mujeres, como una etapa donde el goce, en toda la extensión de la palabra, sea su principal característica.

En países como España y algunos de Latinoamérica usan el término síndrome de la abuela esclava para referirse a una serie de factores y afectaciones a la salud tanto emocional como física de las mujeres adultas mayores cuidadoras de nietas y nietos. Investigaciones de la Universidad de Harvard refieren que este padecimiento implica un cuadro médico de estrés, altibajos bruscos de hipertensión que pueden resultar fatales para algunas mujeres.

Cuidar niñas y niños implica atención permanente, situaciones de estrés, limitando el tiempo de socialización, de relajación para liberar tensiones, de descanso. El estudio con una muestra de más de 50 mil casos señala que dedicar nueve o más horas por semana implica que esas abuelas tengan un 55% más de posibilidades de desarrollar enfermedades coronarias.

Al estar tan arraigados los estereotipos y roles de género, es común que las abuelas ponderen su excesivo sentido de la responsabilidad y no puedan negarse a cuidar a nietas y nietos, no se quejen, oculten agotamiento, ni pidan ayuda explícitamente, ni mucho menos reivindicar algo para sí mismas.

Entre los síntomas que pueden aparecer también están los sofocos y las taquicardias, decaimiento persistente, tristeza, desánimo, caídas fortuitas por mareos súbitos y a decir de la experta y psicóloga Rosa Bonet, de la Universidad Ramon Llull de Barcelona, lo más revelador es el sentimiento de culpa que a causa de su salud deteriorada no puedan realizar sus obligaciones cotidianas.

De corazón deseo que no sea el caso de ninguna mujer adulta mayor cercana a ustedes, que el Día de las y los Abuelos pueda ser una fecha para agradecerles y reconocer todo, pero todo lo que nos han compartido, tanto en experiencia, sabiduría, apoyo, comprensión y principalmente amor, para que quienes tienen la fortuna de contar aún con sus abuelas y abuelos, al verles sigan experimentando esa sensación de que les han estado esperando todo el día.

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