La política con rostro de mujer

 

I. Las mujeres y la representación popular a 63 años del sufragio femenino en
México

La participación de las mujeres en la vida política de México es hoy un episodio más cotidiano que el que vivimos hace 63 años en la lucha por el logro de la igualdad.

Hablar de mujeres, es hablar de éxito, de libertad y de poder, por eso estoy convencida de que el rostro de este país adquirió un sentido humano al lograr, en 1953, facultar el derecho político de las mujeres al poder para votar y ser electas.

Reflexionar sobre la participación de las mujeres en la política y la toma de decisiones, hoy resulta más frecuente que hace 63 años, México cambió definitivamente, al incorporar a las mujeres en las decisiones públicas y electorales con el reconocimiento de su derecho a votar y ser electas, en todos los cargos de elección popular.

La historiadora Enriqueta Tuñón Pablos, afirma: “otorgar los derechos políticos a las mujeres atrajo un mayor número de votantes para la consolidación del sistema”. Es por ello que sin lugar a dudas, el voto de las mujeres logró incorporar un modelo político que ha permitido crear espacios para impulsar reformas legislativas que garanticen los derechos humanos de las mujeres, así como las normas que le permitan tener una participación política en condiciones de igualdad.

En este sentido, antes de 1953, los derechos políticos básicos como el de tener voz pública y ser parte de las decisiones en los asuntos políticos de las comunidades, los estados y el país, habían sido negados a las mujeres. En estas circunstancias, la historia de muchas mujeres, refleja la valentía para convertirse en protagonistas de la política de su tiempo, sin dejar a un lado el rol de madres y formadoras de familias que la vida les presentó, a
pesar de la adversidad exteriorizada por un ambiente machista y una prensa amarillista.

El México de antes, era un país de tradiciones y misticismo cultural pero el anuncio del inminente voto femenino abrió nuevos caminos que se vieron reflejados en columnas y artículos, en medios nacionales con secciones que fueron ganando espacios para las mujeres.

Así, asumieron la responsabilidad de convertirse en activistas políticas, capaces de hacer leyes, participar en los procesos de toma de decisiones, opinar sobre los asuntos públicos,aparecer en las boletas, hacer las primeras campañas políticas y aceptar el mandato popular. A pesar del tiempo trascurrido desde la promulgación del decreto que permitió el voto a la mujer en México, aún pagamos costos altos por la decisión de participar en política, manteniendo remanentes de esas épocas, en las que a la mujer se le bloqueaba, se le criticaba sin argumentos de fondo, se le amedrentaba y usaba para reproducir el discurso político dominante, dictado por la perspectiva de los hombres.

Pese a todo, las mujeres aún deben luchar constantemente contra la discriminación y la violencia que sufren en su deseo legítimo de ejercer el voto. A este respecto, la investigadora Margarita Dalton, señala que “las mujeres que buscan cargos públicos deben ser valientes, porque las dificultades son muchas y los golpes físicos y morales también. El proceso de la democratización de la sociedad implica la mayor participación de las mujeres en los cargos políticos, pero la práctica de este proceso, ha significado desgaste y riesgos para algunas mujeres líderes en sus municipios”.

 

II. Yucatán, San Luis Potosí y Chiapas, estados pioneros en el voto de las mujeres

Después de los movimientos armados, la lucha de las mujeres se enfocó en conquistar el reconocimiento de sus derechos, materializar la conducción de su vida como sucedió con la viabilidad legal de solicitar el divorcio o con la intensa pero lenta conquista del voto, lo que facilitó la posibilidad de representar a la nación, en todos los ámbitos.

En éste orden de ideas, los primeros antecedentes del voto de las mujeres datan de 1923, en Yucatán, primera entidad que reconoció éste derecho, seguidos de la lucha en San Luis Potosí en 1824, y Chiapas en 1925, obteniendo éxitos parciales en el espacio estatal pero sin tener una proyección nacional del respeto a sus derechos. Posteriormente, en 1937, durante el cardenismo, se aprobó una iniciativa que otorgaba el derecho al voto para las mexicanas pero no entró en vigor.

Casi diez años después, en 1947, se logró avanzar con el reconocimiento del derecho al voto de las mujeres pero sólo en elecciones municipales y
fue hasta 1953 que el voto, en todas las instancias de representación popular, dejó de ser una institución ejercida exclusivamente por el género masculino.

En consecuencia, el impulso histórico y permanente de los movimientos a favor de“Las mujeres y la representación popular, a 63 años del voto de la mujer en México” sufragio femenino, las diversas experiencias internacionales y entre ellas la mexicana, favorecieron la entrada en vigor de la Convención sobre los Derechos Políticos de la Mujer, en julio de 1954. Con este hecho, se reiteró el impulso internacional del reconocimiento a los derechos políticos de las mujeres para votar y acceder a cargos de elección popular, en igualdad de condiciones legales frente a los hombres.

Al recordar ese esfuerzo generacional, viene a mi memoria el Presidente, Adolfo Ruiz Cortines, quien promulgó el decreto que les concedía el voto de las mujeres. Con el reconocimiento del derecho de las mujeres a votar y ser electas, cambió el rostro de un país que presentaba igualdad a medias, al de una nación donde los derechos de las mujeres y su participación política es una realidad.

El apoyo del presidente para la incorporación legal de las mujeres a la vida institucional y política del país, se construyó sobre las bases de esfuerzos de millares de mujeres que en momentos históricos, fueron esenciales para la consumación de los procesos sociales, políticos e incluso de orden militar. Así, en la historia de México, las mujeres contribuyeron en el desarrollo nacional con liderazgos durante la independencia y, masivamente, tomando las armas y luchando junto a los hombres en la revolución, todo ello, sin abandonar las labores domésticas y el cuidado de los hijos. Todo parecía indicar que un país gobernado por los hombres, tenía miedo al derecho de igualdad en las decisiones políticas de nuestro México.

III. Chiapas, mi tierra de origen y orgullo a 80 años del voto femenino

El 11 de mayo de 1925, durante el gobierno de César Córdova, se logró que las mujeres chiapanecas pudieran ejercer sus derechos políticos a partir de los 18 años de edad. Entre los primeros casos, podemos recordar a la maestra Florinda Lazos, quien fue la primera Diputada local.

Entre los ejemplos memorables de acciones y personajes que construyeron las bases del reconocimiento de los derechos político electorales de las mujeres, no puede escapar de una mención especial, la chiapaneca Josefina Manuela García Bravo, quien fue una de las primeras mujeres en participar, política y militarmente, en la defensa Chiapas al arengar a ciudadanos de su comunidad para proteger a sus familias y tomar las armas en defensa su natal Comitán de Domínguez.

Su ejemplo, heredado a generaciones de mujeres chiapanecas, influyó en conciencias como la de Rosario Castellanos, insigne intelectual, politica y diplomática, quien a través de su obra y acciones públicas, pudo compartir su pensamiento con todo el mundo, impregnado con ese espíritu de
lucha y aspiraciones, el respeto y reconocimiento de los derechos de las mujeres. Desafortunadamente a 80 años de obtener su derecho político, las chiapanecas no son reconocidas en la paridad que las leyes contienen y los discursos expresan, los espacios de poder aún están cerrados.

En Chiapas, la reforma política que obliga a que la mitad de las candidaturas sean para mujeres, se caracterizó por aplicarse con poca transparencia, en la que esposas, hermanas o familiares de los candidatos los suplieran en las planillas, violando todo concepto de legalidad. Así, al ganar las elecciones con todas las de la ley, las candidatas electas se enfrentan a la resistencia de las comunidades y al miedo de aceptarlas como autoridades
municipales. Con ello, se ven obligadas a abanderar un proyecto que ellas no hicieron o simplemente devolver al esposo lo que ya no les corresponde. Por esto, la lucha por el reconocimiento de los derechos políticos de las mujeres, es una tarea que debe continuar.

Hoy, avanzamos en el siglo XXl, sin apreciar cambios de fondo en la percepción colectiva sobre la importancia de permitir un acceso pleno de las mujeres en la vida política del país, y en el ejercicio de sus derechos. No obstante ello, es justo reconocer los avances y los acuerdos internacionales suscritos por México a favor de las mujeres; las leyes que hemos logrado promulgar para construir la anhelada paridad en los procesos electorales, y la decisión de muchas mujeres para cambiar los paradigmas y estar en puestos de gran responsabilidad para fortalecer a nuestro país.

IV. Empoderamiento de las mujeres “Empowerment”

Este término fue acuñado en la conferencia mundial de las Mujeres en Beijing, en 1995, para referirse a la mayor participación de las mujeres. Actualmente es utilizado en los mensajes y discursos políticos y comienza a sonar cercano y familiar, más por la sonoridad de la palabra que por su significado, a veces cada quién lo dice, lo siente o lo expresa distinto y quizá no pueda ser de otra manera.

Para el desarrollo y sostenibilidad, convenidos internacionalmente para mejorar la calidad de vida de las mujeres, las familias y las comunidades, es fundamental empoderar a las mujeres en todos sus sectores.

Los Principios para el Empoderamiento de la Mujer, establecidos en marzo de 2010, elaborados a través de una asociación entre ONU-Mujeres y el pacto mundial de naciones unidas están diseñados para promover la reflexión de los elementos indispensables para la promoción de la igualdad de género en el lugar de trabajo, la administración pública, en el mercado y en la comunidad:

1. Una dirección que promueva la igualdad de género.
2. Igualdad de oportunidades, integración y no discriminación.
3. Salud, seguridad y una vida libre de violencia.
4. Educación, formación y el desarrollo profesional.
5. Desarrollo empresarial a favor del empoderamiento de las mujeres.
6. Promover la igualdad mediante iniciativas comunitarias y cabildeo.
7. Transparencia, evaluación e información

Así mismo, en marzo de 2015 se presentó la iniciativa “Por un planeta 50-50 en 2030: Demos el paso por la igualdad de género”, que en primer lugar establece el año 2030 como fecha límite para erradicar la desigualdad de género. En segundo lugar, hace un llamado a los gobiernos para realizar compromisos nacionales para abordar las dificultades que impiden el progreso de las mujeres y alcanzar su pleno potencial.

Sin embargo, la verdadera equidad, sólo será posible si las mujeres conquistan el ejercicio del poder en su sentido más amplio (poder crear, poder saber, poder dirigir, poder disfrutar, poder elegir, poder ser elegida, etc.). Por ello, se impulsan planes y programas en materia de cooperación internacional para promover y fomentar la igualdad de las mujeres en los procesos de desarrollo, incluyendo su empoderamiento, entendido como las circunstancias que hacen viable la autonomía de las mujeres.

V. Las mujeres, pilares fundamentales de la democracia en México

De esta manera, ministras, magistradas, secretarias de Estado, gobernadoras, legisladoras, presidentas municipales, regidoras, empresarias, estudiantes, juezas, bomberas, generalas, amas de casa, obreras, líderes indígenas, trabajadoras migrantes, etc. diariamente elevan la voz y aportan un porcentaje importante a la economía de este país.

Sin duda, las mujeres son pilar fundamental de la democracia de nuestro México. A todas ellas, quiero dedicar esta obra que reúne testimonios sobre la vida y perspectivas de mujeres que han destacado en la política, el servicio público, la diplomacia, las luchas sociales, las transformaciones legales, la impartición y procuración de justicia y la administración pública, desempeñándonos como madres, esposas, jefas de familia y mexicanas ejemplares. A ninguna de ellas, les han regalado las oportunidades de servir al país, todas se han ganado a pulso la dignidad de tomar decisiones políticas trascendentales, desde distintos ámbitos, en beneficio de la nación, transformando la historia y presente de nuestra patria con más sensibilidad, humanismo, carácter y rostro de mujer.

Ser una mujer empoderada, no limita nuestra naturaleza, nuestras características natas con defectos y virtudes, integran la personalidad de extraordinarias madres, capaces de compartir con calidad, el tiempo de disfrutar y educar a sus hijos. A pesar de ello, en ocasiones tenemos que limitar nuestra presencia en acontecimientos que no regresan y en las que el deber político o público, nos impide la felicidad de disfrutar momentos irrepetibles. La historia y el tiempo no regresan por lo que nuestro papel, insustituible de madres de familia, implica sacrificios y deja huecos, sin querer, en nuestros seres más amados.

No obstante esos sacrificios, la satisfacción de ver las transformaciones en nuestro entorno para ver más mujeres fuertes, defendiendo los derechos de las otras mujeres para lograr, con valentía, nuestros objetivos de una sociedad más justa, entre hombres y mujeres, vale la pena. En estas luchas, aunadas a las preocupaciones de nuestro trabajo, incontables veces hemos tenido que redoblar esfuerzos ante problemas como que “el niño tiene fiebre”, “está tosiendo”, “se resbaló”, “le duele”, “se peleó en la cena”, “no quiere comer”. Estos, son los retos que acompañan a todas las mujeres que trabajamos y que tenemos el privilegio de ser mamás. Asimismo, cuando la creatividad tecnológica de las redes te permite, en medio de una actividad pública, recibir la foto del festival que se empalmo con nuestras responsabilidades y que fue imposible cancelar, debemos conformarnos con el video, a pesar del deseo de dividirnos en 2 o en 3 y antes de pedir al papá, a la suegra, a la mamá, al esposo, a los hijos mayores, el apoyo sustituto ante la ausencia.

Construir proyectos de política pública, hacer uso de la tribuna, emprender un negocio, caminar al éxito, conducir un taxi, ser oficial de seguridad, escalar en los mandos militares, ser obrera en las industrias, maestra, doctora, trabajadora, empleada doméstica y tantos que somos capaces de desempeñar, no nos hace heroínas, ni protagonistas de los cuentos, ni hadas marinas con varitas mágicas. Somos simplemente mujeres y eso nos otorga el poder de actuar, cambiar y poder decidir un mejor futuro para México.

En la actualidad, las mujeres participan en matrículas universitarias con promedios admirables; mantienen una economía fuerte, siendo pilares de su hogar; desarrollan políticas públicas humanas y sensibles, más reales y con objetivos claros. Tener la oportunidad de servir en espacios de toma de decisión nos hace empoderadas por el hecho firme de haber nacido mujeres. Sin embargo, tomar decisiones en el modelo político del país, asumir compromisos de ser la representación del género y dirigir empresas en altos cargos no ha sido fácil.

En consecuencia de todo lo anterior, ofrecemos el presente documento como una compilación sobre el punto de vista de mujeres mexicanas, valientes y decidas, que desde distintas trincheras, han puesto o están poniendo su esfuerzo, vida y talento para cambiar la realidad del país, las perspectivas sobre las mujeres en la vida pública y para profesionalizar el rol de las mujeres en la política y la toma de decisiones.

VI. Las mujeres que cambian la historia de México

Con esta compilación de artículos, pretendo hacer un reconocimiento a las mujeres que han hecho posible cambiar paradigmas y afrontar el reto de ser mujer en los escenarios de la política mexicana. Las primeras mujeres que asumieron el reto de gobernar su estado lo hicieron en una época distinta, donde ser mujer en la política no era lo más cotidiano, sin embargo su género de temple y fortaleza las impulsó cambiando el paradigma de las mujeres.

En este texto quiero reconocer a las mujeres que han hecho historia política en México, desde 1938 con la primera presidenta municipal Aurora Meza Andraca; la primera diputada federal Aurora Jiménez de Palacios electa en 1952, las primeras dos senadoras de la república María Lavalle Urbina y Alicia Arellano Tapia, electas en 1964; la primera gobernadora electa, Griselda Álvarez en 1979, la primera mujer postulada para la presidencia de la república, Rosario Ibarra de Piedra quien participo en las elecciones presidenciales de 1988. Además de Beatriz Paredes Rangel, Dulce María Sauri Rianchio y Rosario Robles Berlanga quienes gobernaron de manera interina sus entidades federativas (Tlaxcala, Yucatán y Distrito Federal, respectivamente) y Amalia García, Ivonne Ortega Pacheco y Claudia Pablovich, quienes han sido electas como gobernadoras de sus estados.

Así mismo, debemos recordar la importante aportación de todas las secretarias de estado que han incursionado en la administración pública federal, como es el caso de Rosa Luz Alegría, Silvia Hernández, Leticia Navarro Ochoa, Gloria Guevara, Norma Samaniego, María Elena Vázquez, Julia Carabias, Rosario Green, Josefina Vázquez Mota, Leticia Espinoza, Ana Teresa Aranda, Beatriz Zavala Peniche, María Teresa Herrera Tello, Rosario Robles, Mercedes Juan, Georgina Kessel, María de los Ángeles Moreno y Claudia Ruiz-Massieu Salinas.

En el mismo sentido la lucha de las mujeres no puede olvidar los esfuerzos de Cecilia Soto González, Marcela Lombardo Otero, Patricia Mercado Castro y Josefina Vázquez Mota quienes en 1994, 2006 y 2012 compitieron en las elecciones presidenciales. Adicionalmente en el Poder Judicial de la Federación, no se puede escapar a la memoria, la contribución de Olga María Sánchez Cordero, Margarita Luna Ramos, Norma Lucia Piña Hernández, en el pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, así como la contribución de María del Carmen Alanís en la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

En este contexto resaltan también las 47 senadoras de la republica electas en 2012 y las 212 diputadas federales que integran la LXIII Legislatura desde septiembre de 2015, que representan el 36.7% y el 42.4% de la composición de cada cámara. Cabe señalar la importante labor que realiza Rocío Nahle García como integrante de la junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados.

Entre las distinguidas mujeres que han hecho honor a su responsabilidad de género y como mexicanas están las participantes en esta compilación:
Ministra en retiro Olga María del Carmen Sánchez Cordero Ministra en retiro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, es una jurista liberal y extraordinaria que siempre se ha mostrado dispuesta a defender los derechos y la ley ante las injusticias. Su presencia y su voz, siempre son un refuerzo de idealismo para nuestra mermada democracia.

Mtra. Ivonne Aracelly Ortega Pacheco

Comprometida legisladora, en la época reciente el histórico feminismo,  segunda mujer gobernadora de su estado y la primera por vía
del voto popular. Mi amiga y compañera, siempre se ha distinguido por su talento, capacidad y profesionalismo al desempeñar responsabilidades públicas desde el ámbito municipal, en la linda ciudad blanca de Mérida con el mejor esquema en índices de seguridad del país, hasta sus responsabilidades legislativas y ejecutivas.

Lic. Amalia García Medina

Actualmente Secretaria del Trabajo y Fomento al Empleo, en el Gobierno de la Ciudad de México, fue la primera gobernadora mujer de un partido distinto al PRI, rompió paradigmas, fue líder nacional de su partido político, legisladora en varias ocasiones y construyó una forma de gobernar y legislar con perspectiva de género, a favor de las mujeres.

Es, además, representante de una de las familias zacatecanas con más arraigo y valores. Gran política, extraordinaria mujer, madre excepcional y recién iniciada como abuela, ha sido un referente de compromiso en la formación de ideas en la izquierda mexicana.

Lic. Laura Nereida Plascencia Pacheco

Joven política, comprometida con la lucha por la equidad y la igualdad de género, que ha impulsado, en sus actividades partidistas, en su función legislativa y en sus responsabilidades como servidora pública, el cambio en la perspectiva cultural en favor de las mujeres.

Mtra. Claudia Corichi García

Política idealista, valiente, inteligente y progresista, orgullosa de su natal Zacatecas, cuya representación porta con profunda dignidad y gran orgullo. Es una servidora pública excepcional, fue Senadora de la República, mujer de compromisos claros. Su temple la describe fuerte, su esencia es tierna, madre orgullosa de Máximo y Amalia Sofía, sus pilares y razones para seguir en el debate y la transformación. Educada por una mexicana ejemplar y acompañada por Eugenio, un extraordinario ser humano, político y profesional.

Mtra. Blanca Judith Díaz Delgado

Política y líder social, que ha sido servidora pública en dos administraciones municipales, legisladora local, legisladora federal en tres legislaturas, ferviente defensora de los derechos de las mujeres y la equidad de género. En cada uno de sus espacios de responsabilidad pública, ha buscado el empoderamiento de la mujer y la lucha comprometida contra la violencia ejercida hacia la mujer.

Mtra. Lorena Martínez Ramírez

Actual presidenta del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia, del municipio de Guadalajara, Jalisco. Mujer inteligente y fuerte, comprometida con la niñez tapatía, y con el beneficio de los habitantes de Guadalajara.

Mtra. Ruth Zavaleta Salgado

Académica, legisladora y funcionaria pública, comprometida con el fortalecimiento de la vida institucional del país y la perspectiva de género, en su desarrollo.

 

Finalmente para dar paso al contenido de este libro, sólo quisiera describir a quién les habla, aunque es difícil poder hacerlo a título personal, sin caer en humildad poco creíble o en el ego enfermo que pierde nuestra esencia y nos convierte en otro ser.
He vivido etapas en mi vida que me han dejado huellas, lecciones, aprendizajes, sufrimientos y alegrías. Admiro a las mujeres y estoy orgullosa de serlo, porque nosotras portamos la capacidad y la fuerza de crear vida.

Soy una mujer irreverente, revolucionaria, orgullosa de contar con principios y valores provincianos, inculcados en el seno de una familia chiapaneca, honrada de haber tenido regalos del universo y de la vida. Vive en mí el recuerdo de mi padre, un hombre ranchero de dichos y palabras muy nuestros. Estoy orgullosa y agradecida por su ejemplo que permanece en mí corazón con sus lecciones. Justo este mes, hace ya un año, que se adelantó a un mejor espacio. Desde aquí, le dedicó esta participación. Él me acompañó en el rol que he tenido que cumplir como padre, madre y jefa de familia de manera simultánea. Sí algún día mis hijas me quieren y reconocen como yo a él, sé que habré cumplido parte de mis objetivos de vida.

 

Mi madre, es mi inspiración, mi fortaleza y mi templanza, y aunque no tengo la dicha de tenerla cerca, ni de expresarle siempre mi reconocimiento y profunda admiración, aprovecho para agradecerle que lo poco o mucho que somos, mis hermanos y yo, se lo debemos a ella. Crecí con cuatro hermanos, quienes a pesar de que estamos en distintas trincheras, tenemos algo en común, si alguno nos necesita, estamos todos, como los mosqueteros “uno para todos y todos para uno”, amo a mis hermanos, y son una razón importante en mi vida.

Mi infancia fue feliz, mi adolescencia plena y aunque el amor no ha sido mi principal herramienta de éxito, no puedo quejarme, soy muy afortunada, soy feliz. La vida me dio dos regalos extraordinarios, capaces de transformar mi vida y hacerme plena y dichosa. Mis hijas, son el baluarte de mi pasión, la escena tierna y sensible de mi vida, la única que me transforma y me guía siempre al bien, María Fernanda y Helena son sin duda mi esperanza, mi motivó, mi razón más importante para vivir y luchar. Ellas hacen que todo valga la pena.

Para mí, el camino político no ha sido fácil, descubrí mi pasión por la política en las primeras dos décadas de mi vida y la transforme en acciones con objetivos claros que poco a poco, he podido lograr. Mi tránsito en el devenir político, es como un camino de veredas obscuras, donde cuesta ver la luz, pero la encuentro siempre y logró salir victoriosa. Me enfrento a las adversidades con valor y crezco con ellas porque me dedico a este difícil, pero hermoso arte de servir.

Conozco las derrotas electorales y el freno de la democracia por el poder, y a pesar de todas esas adversidades, tuve el privilegio de ser la primera mujer candidata a gobernadora en Chiapas.  Estoy orgullosa de haber representado a Chiapas en el congreso estatal, en la Cámara
de Diputados y en el Senado de la República.

Soy una mujer de pocos amigos, pero los que tengo son de verdad, comparten mis alegrías, sufren mis derrotas y decepciones. He conocido muy cerca la traición, el odio, la envidia, el miedo, así como el éxito. He entendido que el poder se asume, se delega y se comparte es piramidal. Mi madre siempre dice “que para mandar, hay que saber hacerlo”, así que aprendo todos los días de lo cotidiano.

En fin, soy de caparazón duro porque en muchas ocasiones he tenido que defenderme, soy humana y soy mujer. Me dolió parir en mi primer parto natural y en el segundo también, aunque fue cesárea. Lloro, sufro y no me despego de la cama de mis amores, cuando la fiebre invade sus cuerpos. Odio cuando el termómetro sube de nivel y la fiebre aumenta, he ido a hospitales por ellas y por mí, así como he recibido el cuerpo de un ser querido cuando ha dejado de latir su corazón. Ante todo esto, y aun cuando mis lágrimas rueden en mis mejillas, las seco y sigo adelante porque ese es el valor más grande del éxito del ser humano, vencer las adversidades.

El aparato político de México, aun es predominantemente machista, ser mujer y dedicarte a la política es un desafío, sin embargo, bastaría con que los hombres reconocieran que nacieron de una mujer. En mis conferencias siempre logro ganar sonrisas, cuando les hablo de un rumor que he dicho más de cien veces y que se ha convertido en verdad absoluta, “sólo hay dos tipos de hombres, los que aceptan que manda la mujer o los que viven engañados el resto de la vida”.

Después de tantas anécdotas de vida, quiero finalizar agradeciendo a extraordinarias mujeres, y amigas, quienes me acompañaron en esta aventura compartiendo su experiencia y reflexiones, para poder despertar en las futuras generaciones el gusto por la política, el amor por México y los deseos de su transformación.

El empoderamiento no significa demostrar fuerza, la fuerza ya la tenemos al haber nacido mujeres, significa vencer obstáculos culturales, sociales, estereotipos, así como factores estructurales para permitir a las mujeres, la igualdad de condiciones frente a los hombres, competir equitativamente por liderazgos y poder acceder a espacios en la toma de decisión política. Ello, implicaría avanzar hacia una cultura política democrática,
efectiva y real, que contribuya al buen gobierno y al logro de un desarrollo sostenible.

Amo a Chiapas, me enorgullece tener raíces ancestrales con la influencia que el rey Pakal y la Reyna Roja han impreso en mí, el sentimiento, el poder y la energía de nuestros antepasados. Es por ello, que alzo la voz ante las injusticias, aplaudo los beneficios de los pueblos y cuido lo que digo por dos cosas, debido a que intervienen los teléfonos y por qué me podrían cortar la lengua como a mi paisano Don Belisario Domínguez.

Me encanta disfrutar la variedad gastronómica de mi estado, cuido mi dieta con tamales, pan de Coita, cazueleja de San Cristóbal, empanadas con repollo, taxcalate y pozol. Por supuesto, disfruto del aroma y sabor del café de mi tierra. Amo la selva, los ríos, las montañas, la sierra y lo hermoso de un estado rico pero pobre a la vez. Hago política con pasión porque es mi deseo lograr beneficios para Ia tierra mágica e increíble en donde nací.

Finalmente quiero agradecer de todo corazón a dos grandes aliados, e impulsores de las mujeres el Diputado César Camacho, amigo entrañable, doctor, político, legislador, gobernador y académico, por su tiempo y dedicación en el prólogo de esta edición. Asimismo, a Dante Delgado, veracruzano ejemplar, diputado, senador, gobernador y gran ser humano que me dio la posibilidad y la fuerza para empoderar a las mujeres en movimiento, haciendo de una ilusión, una realidad. Les reitero a ambos mi respeto y admiración, por atreverse a impulsar a tantas mujeres, quienes hoy, son historias de éxito.

Agradezco también a mi equipo de colaboradores Mara, Erika, Fernanda, Lulú, Claudia, Jorge, Raen y todos los que hicieron de esto una realidad.
Esperando que este documento sea de utilidad e inspiración para muchas mujeres y hombres, les presento a continuación historias de éxito, poder, hazañas, y logros que invitan a sentarse con un rico café a deleitar nuestra mente, y nuestro corazón, pero sobre todo a reconocer que la fuerza de las mujeres no tiene color, edad o filiación religiosa, sólo instinto y ese es el de ser MUJER.

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